Y sí, a veces le entra la nostalgia, porque a pesar de su apariencia, sigue siendo un poco débil y un poco adolescente. La siente, como una pequeña ráfaga, cuando vuelve a Madrid y camina por sus calles más sórdidas o desangeladas. Calles por las que se perseguía a sí mismo, persiguiendo a otros. La experimenta cuando pasa por la puerta de antiguos bares en los que ya no entra. Eran paradas en el camino, se dice, pensando en aquel poema de Kafavis.
Y en alguna noche de paso en su casa madrileña, cuando está en la cama, después de haber visto un capítulo más de Lost, alguna canción del inframundo se filtra hacia la suite imperial. Y la nostalgia lo empuja, aunque sea por unos minutos, visitar este blog del pasado.