Me instalo. Ocupo la celda correspondiente del panal. Soy una abeja, no sé si maya o azteca.
El encargo es confundirte, indiferenciarte, disolver tu identidad y producir la cera requerida para la abeja reina. Aquí se viene unidimensional y funcional. Aquí se viene soñado y llorado y reído. Todo eso debe quedar en las profundidades del subsuelo de tu inconsciente: esa caja negra de seguridad, impenetrable, que porta el ADN psicológico de cada uno de nostros.
El contra-objetivo es cercar bien ese instinto libre e impedir que la estructura devore tu identidad a base de tiempo, paredes y papel.
Sólo con los muros bien altos protegeré la casa de los Kamosisas, y no me convertiré en un "hombre de papel", en un "juguete del viento"
viernes, 16 de mayo de 2008
domingo, 11 de mayo de 2008
Hola
Más que volver a empezar, lo mío es empezar a volver.
Dice hoy ZP en El Mundo citando a Aristóteles que el comienzo es más de la mitad. De modo que ahora tengo ante mí más de la mitad de algo. De lo que sea. Pero es un comienzo que ha empezado ya otras veces: ¿una espiral, o una escalera de caracol? ¿Hacia qué? Las escaleras se recorren hacia arriba, o hacia abajo.
Esta tarde vuelvo a Madrid, después de tres años en Málaga. Y me acuerdo de un día hace más de diez años, cuando me fui por primera vez. La estación era la misma, igual de fría, igual de grande: los trenes son distintos. Ahora iré en AVE. Toda una metáfora.
Gracias Syal por esta canción:
jueves, 8 de mayo de 2008
Adiós
Hay placeres del "adiós" a los que me niego a renunciar.
Decir "adiós", no hasta luego, o hasta la vista, sino "adiós", como quien tira por el desagüe de su vida ciertas cosas. Pocas veces suelo utilizar una semántica tan definitiva. Pero aquel cuyo trabajo es "decir" ha callado demasiado. Y este "adiós" tiene la adrenalina de la presa rota, del bozal caído.
Por tanto: "adiós".
martes, 6 de mayo de 2008
Diálogo
Diálogo en la derecha española:
Acebes: "Le he dicho a Rajoy que no cuente conmigo".
Rajoy: "No lo olvidaré nunca".
Acebes: "Le he dicho a Rajoy que no cuente conmigo".
Rajoy: "No lo olvidaré nunca".
lunes, 5 de mayo de 2008
Puenting
El puenting doméstico tiene sus riesgos. Puedes romperte la cadera, y también puedes romper el jarrón chino que te regaló tu tío Pepe el solterón viajero-de-toda-la-vida a su vuelta del país de la pólvora. Pero la lógica del puenting es que bajas y subes impulsado por la inercia del elástico.
Esa misma lógica me mantuvo, entre las obligaciones laborales y las hedonistas, en un sinvivir entre el portátil y la pista de baile, en una dialéctica entre el Eros y la Civilización que ya describiera Marcuse.
La noche del día del trabajo acudí a mi tercera fiesta Bisturí. Por segunda vez, Carlos y yo estuvimos a punto de fenecer en el intento de llegar a la sala, a manos de un taxista cachondo que hacía carreras contra el crono.
Pero lo más interesante sucedió el viernes noche, en que firmé un armisticio con Torremolinos y volví a pasear mi desconsuelo por sus antros. Y hete aquí que, sacudiéndonos el aburrimientos a base de gin-tonics y malvados comentarios en la zona VIP's (así, en plural), doy con mi mirada, perdida en la nada, y buscando lo mismo que tú, con un chico de órdago, escapado de algún catálogo, como la escena en que Keanus Reeves habla desde la portada de una revista de moda.
He tenido que mirar en mis archivos ver para cuándo fue la última vez que ligué en la capital del merdelloneo gay. Debía ser, por aquellos entonces, un chico imberbe y casi impúber. Muy diferente de aquel que, tal vez equivocado o confundido por el alcohol, se fijó en mí el viernes: un tipo de unos treinta, moreno de ojos azules, cachas y un poco más alto que yo. Me ocultó, desde el primer momento, que había sido modelo profesional y que había quedado 2º en un certamen de Míster España. Pero sus intentos por hacerme creer que era médico anestesista dieron sus frutos y entablé con él una extraña conversación acerca de las costumbres de Massiel y de los veranos en la Costa del Sun.
Como no me gustan los modelos espectaculares (yo amo la belleza popular, espontánea, imperfecta que germina en los barrios de nuestras ciudades, en las obras y los talleres de coches y otras categorías del ser) lo paseé por la discoteca, lo despisté y pude volver a casa solo.
Pero antes, divisé en la salaz mirada de conocidos: vi en ellas la furia y envidia, el rencor y la degeneración que genera la endogamia. A veces, hasta ligar te granjea enemigos. Enemigos íntimos.
En fin, cosas del puenting.
Esa misma lógica me mantuvo, entre las obligaciones laborales y las hedonistas, en un sinvivir entre el portátil y la pista de baile, en una dialéctica entre el Eros y la Civilización que ya describiera Marcuse.
La noche del día del trabajo acudí a mi tercera fiesta Bisturí. Por segunda vez, Carlos y yo estuvimos a punto de fenecer en el intento de llegar a la sala, a manos de un taxista cachondo que hacía carreras contra el crono.
Pero lo más interesante sucedió el viernes noche, en que firmé un armisticio con Torremolinos y volví a pasear mi desconsuelo por sus antros. Y hete aquí que, sacudiéndonos el aburrimientos a base de gin-tonics y malvados comentarios en la zona VIP's (así, en plural), doy con mi mirada, perdida en la nada, y buscando lo mismo que tú, con un chico de órdago, escapado de algún catálogo, como la escena en que Keanus Reeves habla desde la portada de una revista de moda.
He tenido que mirar en mis archivos ver para cuándo fue la última vez que ligué en la capital del merdelloneo gay. Debía ser, por aquellos entonces, un chico imberbe y casi impúber. Muy diferente de aquel que, tal vez equivocado o confundido por el alcohol, se fijó en mí el viernes: un tipo de unos treinta, moreno de ojos azules, cachas y un poco más alto que yo. Me ocultó, desde el primer momento, que había sido modelo profesional y que había quedado 2º en un certamen de Míster España. Pero sus intentos por hacerme creer que era médico anestesista dieron sus frutos y entablé con él una extraña conversación acerca de las costumbres de Massiel y de los veranos en la Costa del Sun.
Como no me gustan los modelos espectaculares (yo amo la belleza popular, espontánea, imperfecta que germina en los barrios de nuestras ciudades, en las obras y los talleres de coches y otras categorías del ser) lo paseé por la discoteca, lo despisté y pude volver a casa solo.
Pero antes, divisé en la salaz mirada de conocidos: vi en ellas la furia y envidia, el rencor y la degeneración que genera la endogamia. A veces, hasta ligar te granjea enemigos. Enemigos íntimos.
En fin, cosas del puenting.
domingo, 27 de abril de 2008
Todo el mundo sabe
Cuando llegué, todo el mundo lo sabía.
Todo el mundo sabía que el destino había cargado los dados en dirección al cielo.
Todo el mundo sabía que no verían más mi sombra.
Todo el mundo sabía que volvería al encuentro de mi hogar, reconciliándome con los fantasmas que habitan en la suite del hotel del pasado, extraños invitados a pensión completa.
Todo el mundo sabía que me iría a la búsqueda de un horizonte de hormigón, de un nuevo perímetro, de una nueva década, de otra guerra.
Todo el mundo sabía que miraría los recelos actuales por el retrovisor de un pájaro de alta velocidad. Que abriría un túnel bajo la cordillera de la distancia y del tiempo que me comunicase con quien quiero. A todas horas.
Todo el mundo sabía que tengo las alas ya cargadas de plomo. Y vuelo bajo.
Pero sólo este partisano no sabe nada. Ya no sabe nada.
Y se siente como el personaje de Exotica, de Atom Egoyan, que mira un triste striptease mientras suena esta canción de Leonard Cohen.
miércoles, 16 de abril de 2008
El mundo dentro del mundo
Como en Ángeles en América la verdad se mezcla con el futuro, para producir una bella mentira siempre por hacer. No puedo vivir sin disputar la realidad, sin querer apropiarme de ella, aunque sea de manera violenta. Lo más político es la guerra. Y la guerra que sueño viene de la mano de un amasijo de esperanzas, una casualidad de atómos. Aquí y ahora.
Multiplicaría el progreso si pudiese extender la Gran Vía, sólo el multiverso de la Gran Vía madrileña, a todas las ciudades del mundo. El mundo, entonces, estaría dentro del mundo. Sería el punto alfa de la humanidad.
El sueño cósmico de Theilard de Chardin. El fractal de nuestras vivencias. ¿De lo porvenir?
Dejaré que el neurobiólogo Francisco Varela hable de la materia.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)