El otoño, con su crudeza, sus noches largas, su frío, sus chulos refugiados, depara alguna buena sorpresa. El próximo martes día 17, en la Riviera, voy a cruzarme con uno de los grupos que llevo años adorando, escuchando, reverenciando en solitario, divulgando fútilmente. Sí, se trata de Simple Minds, una banda escocesa, entre post-punk y neoromantic, que durante los años 80 fabricó temazos como Speed your love to me, Sanctify yourself, Once Upon a Time, o Someone, somewhere in summertime, y que sin embargo fueron muy conocidos por el gurruño de Don't you (forget about me).
Y no, nos olvidamos de ellos, pero en los 90, con el grunge nihilista acechando por la izquierda y el electrodance por la derecha, aquel vendaval de música progresiva, envolvente y densa, aquel sonido brillante de Glasgow, a medio camino entre el rock espontáneo de los pubs y la esmerada elaboración de los buenos estudios, se diluyó en un mar de incomprensión. Pero hete aquí (¿se escribe así?) que los viejos rockeros nunca mueren. Sobre todo los buenos. La banda cumple mi edad: 30 tacos. Y lo han celebrado sacando el mejor álbum de su carrera, "Graffiti Soul". Te transporta, te lleva, te sube. Elevan el rock a la categoría de arte. En cualquier caso, y para deleite de una intensa minoría, dejo algunos enlaces a canciones de este regalo otoñal:
Rockets:
http://www.youtube.com/watch?v=9sUNrA_2Ygo
Graffiti Soul:
http://www.youtube.com/watch?v=t1aflrxMsuk&feature=related
Moscow underground:
http://www.youtube.com/watch?v=Gi0gDhCNmjU&feature=related
Y las demás, en la misma tónica. Difícil quedarse con alguna.
Y una maravilla de cuando empezaban, teniendo yo chupete:
miércoles, 11 de noviembre de 2009
martes, 10 de noviembre de 2009
Sueños de un seductor...
Creo que "hemos quedado como amigos" es una de las frases que más he repetido en los últimos 4 años. Cuando, después de escarmuzas, proyectos abortados sobre la marcha, indefiniciones pasajeras y frustraciones inesperadas, una empieza a pensar que Soltero es su segundo apellido, lo que peor lleva, al menos lo que peor llevo yo, es ese estado de examen permanente al que nos sometemos. Me decía alguien que conocí hace poco que las citas por Internet son como una entrevista de trabajo. ¡Qué razón tiene! ¡Y qué sentido, más allá de lo cómico, le encuentro ahora a "Sueños de un seductor", de Woody Allen!
Lo jodido es que la seducción permanente no es, ni de lejos, glamurosa ni divertida. Lo que es, es muy cara. Implica gasto en gimnasio, cremas, peelings y limpiezas de cutis, renovación de vestuario, y estar al día de la agenda cultural. Una pasta para... ¿qué? La pareja es un proyecto económico.
Lo jodido es que la seducción permanente no es, ni de lejos, glamurosa ni divertida. Lo que es, es muy cara. Implica gasto en gimnasio, cremas, peelings y limpiezas de cutis, renovación de vestuario, y estar al día de la agenda cultural. Una pasta para... ¿qué? La pareja es un proyecto económico.
miércoles, 28 de octubre de 2009
El vientre del arquitecto
El arquitecto entra en la estancia. Ve un inmenso collage de fotografías de sí mismo: él paseando por Roma, él tomando café, él con su mujer en la entrada de un museo. Verse captado, como espiado por una mirada exterior de la que no tenía constancia, atrapado en ese estatismo, lo conmueve. Lo enfrenta a sí mismo. ¿Acaso el cine no es una sucesión de fotografías? ¿Un collage muy perfecto?
Tengo el vientre de un arquitecto de imágenes a mi lado. A diferencia de lo que ocurre en la película de Greenaway, no soy su mujer y no quiero envenenarlo con higos, como le sucedió a Augusto. Sólo quiero oír su respiración, porque es como la música de Win Mertens. A veces decidimos no hablar, y lanzamos mensajes dentro botellas que tiramos al océano. Y aquí va una...
Tengo el vientre de un arquitecto de imágenes a mi lado. A diferencia de lo que ocurre en la película de Greenaway, no soy su mujer y no quiero envenenarlo con higos, como le sucedió a Augusto. Sólo quiero oír su respiración, porque es como la música de Win Mertens. A veces decidimos no hablar, y lanzamos mensajes dentro botellas que tiramos al océano. Y aquí va una...
jueves, 15 de octubre de 2009
Eres buena... Mariel.
Supongo que todos nos hemos sentido un poco Muriel alguna vez. Esa sensación de ser el patito feo, o el diferente, o el apartado. Al final, uno se sienta al borde de una mesa muy grande, con las piernas colgando, se mira los zapatos y piensa, a qué hemos venido aquí? Por qué están todos tan felices? Qué me pasa? Qué les pasa? Por eso, la única solución es creernos nuestra propia fábula. Muriel era mejor que Mariel. Era más auténtica. Pero la paradoja es que lo que hacía única a Muriel, es que soñaba con ser Mariel. Es el precio de perseguir los sueños. Que a veces, hasta te tropiezas con ellos. Y entonces, dejan de ser sueños. Y volvemos al principio...
viernes, 9 de octubre de 2009
Mujeres y antimujeres
Veo a Madonna, a Divine, a Rocío Jurado, a Juanita Reina o a Alaska y me hago siempre la misma pregunta. ¿Y si el discurso de género, es decir, el discurso feminista, hubiese estado completamente equivocado, de raíz? Es decir, el feminismo explica su nacimiento por oposición, como crítica, a la hegemonía del paradigma masculino, patriarcal y falocéntrico. Esta teoría dice que el género es una prótesis cultural impuesta y autoimpuesta, y que hay que diferenciarlo del sexo, que es biológico (Judith Butler). Esto presupone que la feminidad ha sido construida por los hombres (la Eva que sale de la costilla de Adán); construida, se entiende, en oposición a la masculinidad, y por tanto, ha sido catalogada por éstos como débil, inferior, pasiva, sensible, irracional, etc. La mujer estaría incompleta y tendría envidia de falo (Freud, Lacan, toda esta peña).
La mujer postmoderna creo que desmiente esto. Veo a estas divas y llego a la conclusión de que la mujer es lo constitutivo del discurso de género. En el origen, hay una mujer. ¿Un pecado? Es la masculindad la que, acomplejada, incapaz de expresarse, débil en el fondo, se construye como un modelo austero, simple, fuerte, dominante, racional. El hombre es el que carece de género, porque se avergüenza de él. Quienes tienen y practican el género, quienes expresan su positividad sexual, son ellas. No hay más que verlas. Utilizan las prótesis que les da la gana (pelos largos, maquillajes, complementos...); moldean su ropa en función de sus atributos sexuales, como las tetas o los muslos, de las que están orgullosas; se contonean, se exhiben y se ocultan, llenan el espacio de símbolos de los que se han apropiado. Sus cuerpos, sus ropas, sus gestos, son un texto para el disfrute. Un texto poético. La imagen de los hombres es prosaica, neutra. Una constante autoanulación. Por eso, para encontrar hombres que positivicen su género, hay que ir a los barrios bajos, a la subcultura, porque la alta cultura los ha escondido. ¿Qué tío, en un escenario, o en cualquier parte, sabe marcar paquete, moverse de manera sexual, pintarse o mostrarse? Escasísimos. Sólo recuerdo a David Gahan y Freddy Mercury y tal vez Joe D'alessandro en las pelis de Warhol. Pero en general, hemos perdido la batalla, por débiles. Y tiene cojones que quienes hayan reivindicado el hombre como género propio, autóctono, creativo, orgulloso, sean los gays.
Mujeres y antimujeres demuestran que la feminidad es lo propio del género, al menos en nuestro tiempo. Aquí dejo tres magníficos ejemplos:
La mujer postmoderna creo que desmiente esto. Veo a estas divas y llego a la conclusión de que la mujer es lo constitutivo del discurso de género. En el origen, hay una mujer. ¿Un pecado? Es la masculindad la que, acomplejada, incapaz de expresarse, débil en el fondo, se construye como un modelo austero, simple, fuerte, dominante, racional. El hombre es el que carece de género, porque se avergüenza de él. Quienes tienen y practican el género, quienes expresan su positividad sexual, son ellas. No hay más que verlas. Utilizan las prótesis que les da la gana (pelos largos, maquillajes, complementos...); moldean su ropa en función de sus atributos sexuales, como las tetas o los muslos, de las que están orgullosas; se contonean, se exhiben y se ocultan, llenan el espacio de símbolos de los que se han apropiado. Sus cuerpos, sus ropas, sus gestos, son un texto para el disfrute. Un texto poético. La imagen de los hombres es prosaica, neutra. Una constante autoanulación. Por eso, para encontrar hombres que positivicen su género, hay que ir a los barrios bajos, a la subcultura, porque la alta cultura los ha escondido. ¿Qué tío, en un escenario, o en cualquier parte, sabe marcar paquete, moverse de manera sexual, pintarse o mostrarse? Escasísimos. Sólo recuerdo a David Gahan y Freddy Mercury y tal vez Joe D'alessandro en las pelis de Warhol. Pero en general, hemos perdido la batalla, por débiles. Y tiene cojones que quienes hayan reivindicado el hombre como género propio, autóctono, creativo, orgulloso, sean los gays.
Mujeres y antimujeres demuestran que la feminidad es lo propio del género, al menos en nuestro tiempo. Aquí dejo tres magníficos ejemplos:
martes, 22 de septiembre de 2009
Divine...
El otro día volví a ver Pink Flamingo's, después de unos 15 años desde la primera -y única- vez que la vi... Lástima que entonces no existiese el youtube para redescubrir a esa gran anti-estrella, más estrella que ninguna, que es Divine. Aquí un tributo. Fuck you all!
viernes, 18 de septiembre de 2009
Ain't no cure for Leonard Cohen
Pasó por Madrid "el hombre". No fui a verlo. Lo lamentaré el resto de mi vida. Pero no se puede tener todo. Aunque Cohen ha dado mil conciertos en mi imaginación. Ha acompañado episodios de mi vida. Ha estado siempre ahí, con esa voz de transatlántico pesado y velas de seda, capaz de navegar por todos los mares: los vértigo del amor, de la alegría indómita, de la tristeza otoñal.
Así han tronado, en su ronquido exquisito, las más delicadas metáforas. Con la "energía de los esclavos", su primer libro de poemas, conocimos al creador adolescente. Emprendimos un viaje por los surcos de su voz, cada año más hondos. Con Suzanne nos fuimos a la orilla del río a beber té con naranjas. Hice el amor en el Chelsea Hotel. Grité aleluya, sobre un fondo azul del mar de Creta. Fui un pájaro en una alambrada. Tomé el vals de quebrada cintura (de sí, de muerte, y de coñac). Como todo el mundo, supe que los buenos chicos habían perdido. Pregunté quién estaba junto al fuego, quién junto al hambre. Fui tu hombre. Juntos conquistamos Manhattan, y luego, Berlín. Y no hallé cura al amor. Quién pudiera gritar como susurra él.
Así han tronado, en su ronquido exquisito, las más delicadas metáforas. Con la "energía de los esclavos", su primer libro de poemas, conocimos al creador adolescente. Emprendimos un viaje por los surcos de su voz, cada año más hondos. Con Suzanne nos fuimos a la orilla del río a beber té con naranjas. Hice el amor en el Chelsea Hotel. Grité aleluya, sobre un fondo azul del mar de Creta. Fui un pájaro en una alambrada. Tomé el vals de quebrada cintura (de sí, de muerte, y de coñac). Como todo el mundo, supe que los buenos chicos habían perdido. Pregunté quién estaba junto al fuego, quién junto al hambre. Fui tu hombre. Juntos conquistamos Manhattan, y luego, Berlín. Y no hallé cura al amor. Quién pudiera gritar como susurra él.
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