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domingo, 13 de enero de 2008

Sevillaneando

Si me dijesen en ciudad te gustaría vivir, en cuanto al físico de la ciudad, la piel, la superficie, sin duda diría Sevilla. Creo que es la ciudad más hecha a escala humana que conozco, claro está, salvo por los susodichos sevillanos (no todos), que en cualquier caso tampoco pasan por ser peores que los malagueños, madrileños y demás. Aunque hay que reconocer, seamos honestos, que debe ser difícil vivir en una ciudad así sin caer en el pecado esporádico y pegajoso de la vanidad. Sería como pedirle a Naomi Campbel que fuese ingeniera de teleco y además buena tía.

Es una ciudad panteísta. Metonímica. Y me paro aquí, que voy a terminar pareciendo Antonio Burgos.

Fui a un congreso, en un autobús cargado de adorables señoras maduras que querían adoptarme.

Me quedé en casa de mi amigo N. Que me adoptó de verdad.

Por la noche, cenamos, salimos, reímos y bebimos cerca y lejos del Guadalquivir. En un bar no nos dejaron entrar por no llevar el dress code habitual de Sevilla: zapatos castellanos, camisa pija y jersey. En otros entramos y bailamos junto a modernos/as, gays pijos, heteros pijos, gays alternativos, heteros con ganas de marcha, tías vestidas del año 21 y del siglo XXI a la vez. Se llamaba Moma. El sitio, claro.

Tengo tres canciones, emulando al lagarto, para este viaje:

No, no lo sabía hasta que encontré... (¿cuándo diré esto?)



Espero no tardar demasiado en decir esto otro...



Ni tardar demasiado en encender esas velas...