martes, 11 de marzo de 2008

Lo nuestro... ¿lo mío?

Y cuando miré en el interior, el elefante rosa resultó ser negro por dentro. El algodón prometido era carbón y no había azúcar, sino hiel.

Ahora puedo decir, como decía Sabina, aquello de "lo nuestro duró, lo que duran dos peces de hielo en un Whisky on the rocks". La explicación es automática cuando el desfase generacional hace que la otra persona ni siquiera haya oído hablar de "La bola de cristal". Culombio, culombio, y me pego un voltio. Seamos realistas: pertenezco a eso que se ha denominado "generación nocilla" y la sentimentalidad pegamoide, electroduente, el regusto de la nocilla y las tardes de tulipán son iconos sagrados de nuestra vida. Dragones y mazmorras, un mundo infernal.

Ya lo decía mi abuela. Esto pinta mal. La infancia de los fruitis y los teletabis ya apuntaban hacia una juventud corrupta, falta de valores éticos y morales, y abducida por el ansia de dinero y materialismo de Fama, Paris Hilton y la anorexia. Total, que me divorcié, o me divorció. O nos divorciamos. O nos divorciaron. Un verbo tan complejo que él solito fue capaz de poner patas arriba a la Iglesia española y eso que los gramáticos aún no le entraron al trapo. El encanto del pequeño david de Donatello, y los momentos acurrucado en su terrible inocencia destructiva, se perdieron para siempre como lágrimas en la lluvia.

Estoy feliz por la victoria -merecida, soñada, necesaria- electoral. Ahora un mundo de incógnitas se abre ante mí. ¿Sabré vivir sin ver el futuro encerrado en una urna de cristal, como la bola de Alaska? Todo indica que haré virar el punto de mira de mi periscopio hacia mí mismo: mi ruta natural se abrirá paso entre un mundo que veo cada día más exótico. La soledad empieza a ser una fiel compañera de viaje. El destino comienza a dar sus advertencias. El tiempo reclama que no me olvide de él. La espieral avanza. Como este Brugal con cola.

sábado, 23 de febrero de 2008

Aquí

"Aquí" es ya un concepto cargado de las suficientes connotaciones como para abandonar su pátina de transitoriedad que lo relativizaba. Cuando "aquí" empieza a ser el síntoma transparente de la existencia, cuando ha dejado de sustantivar el dicurso para ser, de lleno, el contexto, es que uno ya se ha mudado. Uno ya está aquí: el humo del cigarro ha prendido en la pared, el espacio que habitas ya no huele a nada porque huele a uno mismo.

Entonces, la mudanza ha terminado; Málaga ya se ha metabolizado. Durante casi dos años esta ciudad ha sido un decorado, el vestíbulo hacia otro espacio, tal vez la vuelta: ante mí había un panel donde las salidas y las llegabas se anunciaban como una posibilidad más.

Poco a poco, en el vestíbulo, fui hablando con la chica que, con forma de gata, también esperaba su vuelo; y con el joven que me miraba absorto; y con el veterano de la guerra que me enseña la gloria oculta en otros ámbitos.

Aquí estoy, y lo sé, porque ya no me daba cuenta de que estaba aquí.

sábado, 16 de febrero de 2008

Paco Vidarte

Ya ha pasado alguna semana desde que supiésemos de la muerte de Paco Vidarte. Desde estas navidades, cuando leí "Ética Marica", entraba en su blog a diario, recorría todos sus rincones saqueándolo de ideas, de momentos, de enlaces con los que luego me zambullía en Internet en busca de más sangre tan hirviente como la suya, tan difícil de encontrar. Paco actualizaba su página con frecuencia, metiendo fotos conmovedoras, pedacitos de texto que improvisaba a trancas y barrancas en los pocas treguas que le dejaba su enfermedad, chispazos de ternura arrancados a su genial mal genio: contaba, en su sección de "Linfomanías", las pequeñas alegrías y los grandes suplicios en su evolución -siempre optimista- contra el VIH. Pero los días en los que no actualizaba fueron espaciándose hasta quedarse clavados en el 15 de enero. Y ahí sigue.

Paco Vidarte, el Paco Vidarte virtual, irreal, la máscara de sí mismo, el grotesco personaje que se agitaba como una antorcha en la noche de los tiempos, sigue viviendo hasta un 15 de enero, como si la vida contiuase y él se hubiese ido de vacaciones; o Telefónica le hubiese quitado la conexión; o hubiese decidido tomarse un respiro. Nada en su página, salvo las palabras escritas en los momentos de mayor desesperación, hace pensar que el linfoma que le provocó el Sida avanzó deprendando tejidos, membranas, órganos enteros hasta terminar con su vida.

La vida de Paco Vidarte.

En pocos apellidos, como en el suyo, se explica la causa de la existencia de una persona: Vida y Arte. La vida como arte. Inseparables, indisolubles: la sangre y el artificio, siempre juntos, causándose mutuamente. El sacrificio y el concepto. Y el placer y el pensamiento, y el pensamiento como placer, y también como dolor, y como caricia, y como guantazo, y como llamada de atención, y como escupitajo, y como insulto, y como gemido. Paco era un filosofo sin más método que su propia vida y sin más vida que su cuerpo: su método era su cuerpo. Con él follaba y con él pensaba. Con él vivió hasta morir. En esta sociedad de pensadores con seguro a todo riesgo, poca gente es capaz de la escritura corporal que él practicaba, lanzando palabras desde los riñones, desde los párpados o desde el ano. Paco Vidarte escribía para mover: para moverse, y para movernos a los demás. Escritura política. Escritura-acción. Escritura-interruptor.

Algunos siempre tuvimos claro que en esta vida no cabe la equidistancia ni la indiferencia. Que desde que Esparta venció a Atenas, la guerra es siempre la de la barbarie contra la libertad: bajo formas distintas, en otras épocas y distintos lugares, y expresada de maneras insospechadas. Allá donde florece un atisbo de igualdad o de libertad, allá donde la Utopía cojonuda asoma la cabeza, el lobo que dormitaba agazapado afila sus colmillos con el objetivo ciego de cercenarlas, de desgarrarlas, de aplastarlas, como la escena de la flor, la niña y Frankestein. Y esta guerra es una guerra al completo, tan indivisible como la libertad: no vale luchar en este frente y dejar el otro descubierto. No vale denunciar la homofobia y hacer la vista gorda con la xenofobia o con el machismo o con el clasismo. La bestia, bien lo vio Paco, se alimenta de todas y cada una de las exclusiones, aunque se den por separado, aunque traten de hacernos creer que viajan solas y uno pueda ser xenófobo pero no homófobo o viceversa.

Supongo que ahora toca decir algo tan típico y tan manido como que murió el hombre, pero vivirán sus ideas. Pero nada de Paco vivirá si no lo hacemos vivir algunos pocos (algunos Pacos, otros no). Porque su obra no era un corpus íntegro de pensamiento, ni un bloque de doctrina sociológica, ni una reelaboración del pensamiento psicoanalítico de Lacan, pasado por Derrida y Foucault. Su obra es un "interruptor", una llamada de atención, un grito que sólo servirá si consigue llamarnos, despertarnos, agitarnos, abofetearnos, abrirnos los ojos.

En nosotros está el compromiso, el difícil testigo de trasladar al mundo esa pequeña ética de la que habló Paco. Tan pequeña, pero tan nuestra.

domingo, 27 de enero de 2008

Out of order

Escribo estas líneas bajo un estado de somnolencia feliz, apática, inconsciente, anestésica que popularmente denominamos "resaca". Este domingo tiene la amplitud íntima del sofá de mi casa.

Hay una persona que me gusta mucho duchándose -ahora mismo- mientras yo me trago una peli de teenagers americana que escupe Cuatro, con el fallecido Heath Ledger como rubio-prota. Se consume una barrita de incienso que matiza todos los matices del olor a cariño que inunda mi casa.

Ayer fue un día inmensamente tranquilo y bonito, seguido de una noche inmensamente caótica y febril.

La fiesta Playback fue un éxito, en parte porque sobrevivió al borde del fracaso. Al llegar, un tumulto de modernas gafapásticas semiborrachas, draagqueens de tres metros y policías con-cara-de-pocos-amigos se agolpaba en la puerta del Ateneo. Al parecer, M. no había sacado la licencia para la fiesta, y la poli no nos quería autorizar el desmadre. Tras algunas llamadas de última hora a políticastros amigos, pudimos consumar la bacanal.

La Paranoika, Nacha la Macha y las Nancys Rubias desmelenaron al personal, que ya había ingerido litros de alcohol antes de que empezase el espectáculo, debido al retraso policial. Las Nancys terminaron con un colosal "Sálvame, soy un náufrago" que provocó el delirio del respetable. El suelo retumaba.

Después del fiestón, borrachos, la persona que me gusta mucho y yo nos colamos en los camerinos, donde Mario Vaquerizo y el resto del freakyworld fumaban, bebían, reían y se cambiaban. Con Nacha la Macha tuve una conversación acerca del tremendo hueco que deja La Más Grande... La persona que me gusta mucho recibió los halagos del respetable, propuestas indecentes y hasta ofertas de trabajo (como salir en la portada de alguna revista). Pero finalmente se decantó -inteligentemente- por venirse a comer chocolate a mi casa, y así nos dieron las 4, y las 5, y las 6...

Y así, da gusto cumplir 29 años.

lunes, 21 de enero de 2008

En riguroso Playback

Dios... aún quedan 5 días para el primer Festival Playback de la historia y ya estoy nervioso!

O., la amiga de Martín, el que dirige el cotarro en el Neoateneo, se ha mudado a mi bloque... Ayer había musicón en su casa, que retumbaba por los muros del casco histórico, extendiendo el buen rollo como una metástasis benigna.

Estaban Martín y ella seleccionando la música para el festival. O va a interpretar a Kate Ryan, Martín se lo está pensando, y yo estuve a punto de sumarme con los Modern Talking o Nick Kamen. Pero creo que tendré visita ese finde y prefiero no hacer el ganso delante de toda Málaga. Además, antes actúan las Nancys Rubias, Nacha la Macha y Paranoika, y es mejor no competir con según que gente... Digo yo.

Pusimos temazo de los 90 tras temazo, regodeándonos en horteradas simpáticas que nos dan muy buen rollo porque nos recuerdan a cuando empezábamos a salir, allá por la adolescencia.

Yo aporté algunos... Habrá, por supuesto, rayos láser y vídeojockey. Caerá la noche sobre nosotros como una tormenta eléctrica!






viernes, 18 de enero de 2008

Ascensor

Al subir en el ascensor, con el rumor áspero del café entre mis dientes, siento un deseo súbito: que el ascensor suba y suba, que atraviese el edificio y se proyecte contra el cielo.

Segunda planta.

Allí, en algún lugar muy tranquilo, podría descargar de gigabites mis glándulas, vomitar hasta quedarme vacío, expeler mi disco duro hasta que quedase limpio de archivos infectados.

Hoy quiero esterilizarme. Limpiar bien mis esquinas con zotal.

Hoy no estaría nada mal formatearme. Olvidar. Borrar. Empezar de nuevo.

Décima planta.

La inhumanidad es perenne, decía George Steiner, pero nosotros somos finitos. Y por tanto, habitamos espacios que nos condenan a la herida. Es sólo cuestión de tiempo. Y el tiempo es una interrogación que, maldita sea, no se cierra nunca.

Vigésima planta.

Ando estos días sintiendo el puñal frío y ronco de alguna persona, en el trabajo. Un puñal que, al golpearme, ya llevaba otras muchas sangres. Hay puñales que fagocitan a sus portadores, hasta el punto de que el puñal se independiza de su dueño, se hace autónomo, y no le queda más razón de existir que hincarse en carne nueva. Comparto la sangre con una persona querida. Y cuando se une la sangre derramada, se establecen resistencias invulnerables.

Centésima planta.

Aún soy joven, pero mi piel ya tiene algunos graffitis. Y esos graffitis nos recuerdan que sí, la inhumanidad es perenne.

Pero el ascensor ya ha llegado al final.

domingo, 13 de enero de 2008

Sevillaneando

Si me dijesen en ciudad te gustaría vivir, en cuanto al físico de la ciudad, la piel, la superficie, sin duda diría Sevilla. Creo que es la ciudad más hecha a escala humana que conozco, claro está, salvo por los susodichos sevillanos (no todos), que en cualquier caso tampoco pasan por ser peores que los malagueños, madrileños y demás. Aunque hay que reconocer, seamos honestos, que debe ser difícil vivir en una ciudad así sin caer en el pecado esporádico y pegajoso de la vanidad. Sería como pedirle a Naomi Campbel que fuese ingeniera de teleco y además buena tía.

Es una ciudad panteísta. Metonímica. Y me paro aquí, que voy a terminar pareciendo Antonio Burgos.

Fui a un congreso, en un autobús cargado de adorables señoras maduras que querían adoptarme.

Me quedé en casa de mi amigo N. Que me adoptó de verdad.

Por la noche, cenamos, salimos, reímos y bebimos cerca y lejos del Guadalquivir. En un bar no nos dejaron entrar por no llevar el dress code habitual de Sevilla: zapatos castellanos, camisa pija y jersey. En otros entramos y bailamos junto a modernos/as, gays pijos, heteros pijos, gays alternativos, heteros con ganas de marcha, tías vestidas del año 21 y del siglo XXI a la vez. Se llamaba Moma. El sitio, claro.

Tengo tres canciones, emulando al lagarto, para este viaje:

No, no lo sabía hasta que encontré... (¿cuándo diré esto?)



Espero no tardar demasiado en decir esto otro...



Ni tardar demasiado en encender esas velas...