jueves 19 de noviembre de 2009

brilliant days

El de treinta coge un taxi desde el trabajo, atraviesa Madrid, y se presenta en La Riviera. La sala aún está por la mitad, y observa que, por el momento, es de los más jóvenes, si no el más, de todos los presentes. Cazadoras de cueros y canas, ellos; botas altas, pelos rizados, pintalabios, ellas. Me siento vivo y un poco gélido: soy una vela ardiendo por los dos lados.

Parece una exposición viviente de García-Alix. La Riviera es un local machacado por miles de fiestas, por decenas de conciertos, con un eco y un regusto a pasado, a recuerdo. Aún queda media hora para que empiece la función. La inmensa batería con el logo de los Simple Minds está en su sitio, y en el escenario, un tipo barrigón y decadente afina la guitarra eléctrica de Charlie Burchill. Me tomo una cerveza en la barra de enmedio, bajo una palmera artificial. La soledad me aprieta, y mucho, poco antes del comienzo. Trato de localizar a alguien en mi misma situación, localizo a una víctima, un tipo de unos 45 acodado en la otra parte, fumándose un cigarro, e imagino un hipotético diálogo, con él:

-Hola, me llamo x.

-Hola, soy Z...

- Es la primera vez que los veo, pero llevo escuchándolos 15 años, desde los 15.

-Yo los vi en el 84, en el 89 y en el 95. Soy mucho mejores que U2...

-¿Cuál es tu canción favorita?

-Promised you a miracle...

-Hermosa letra... te prometí un milagro, creer es bello.

-Sí...

-¿Estás solo?

Y entonces un humo blanco llena el esenario, se apagan las luces... Me hablo a mí mismo acerca de no tirar la vida. De terminar esa eterna novela que siempre estoy empezando. Aún estoy a tiempo. Correr un poco más. Y justo antes de que al escenario salte Jim Kerr, con sus orgullosos 50 años, sufro la paradoja de quien sabe, y tiene la responsabilidad, de estar en el centro de lo mejor de su vida, en los días brillantes. O eso cree. Aunque esté solo, y tenga una eterna novela por terminar. Z no existe y sé que nadie me va a abrazar por detrás cuando suene "Someone, somewhere, in summertime". Pero ya ha empezado la música y todo me da igual. Porque estoy en el centro de mí mismo.


miércoles 11 de noviembre de 2009

Simplemente...

El otoño, con su crudeza, sus noches largas, su frío, sus chulos refugiados, depara alguna buena sorpresa. El próximo martes día 17, en la Riviera, voy a cruzarme con uno de los grupos que llevo años adorando, escuchando, reverenciando en solitario, divulgando fútilmente. Sí, se trata de Simple Minds, una banda escocesa, entre post-punk y neoromantic, que durante los años 80 fabricó temazos como Speed your love to me, Sanctify yourself, Once Upon a Time, o Someone, somewhere in summertime, y que sin embargo fueron muy conocidos por el gurruño de Don't you (forget about me).

Y no, nos olvidamos de ellos, pero en los 90, con el grunge nihilista acechando por la izquierda y el electrodance por la derecha, aquel vendaval de música progresiva, envolvente y densa, aquel sonido brillante de Glasgow, a medio camino entre el rock espontáneo de los pubs y la esmerada elaboración de los buenos estudios, se diluyó en un mar de incomprensión. Pero hete aquí (¿se escribe así?) que los viejos rockeros nunca mueren. Sobre todo los buenos. La banda cumple mi edad: 30 tacos. Y lo han celebrado sacando el mejor álbum de su carrera, "Graffiti Soul". Te transporta, te lleva, te sube. Elevan el rock a la categoría de arte. En cualquier caso, y para deleite de una intensa minoría, dejo algunos enlaces a canciones de este regalo otoñal:

Rockets:
http://www.youtube.com/watch?v=9sUNrA_2Ygo

Graffiti Soul:
http://www.youtube.com/watch?v=t1aflrxMsuk&feature=related

Moscow underground:
http://www.youtube.com/watch?v=Gi0gDhCNmjU&feature=related

Y las demás, en la misma tónica. Difícil quedarse con alguna.

Y una maravilla de cuando empezaban, teniendo yo chupete:

martes 10 de noviembre de 2009

Sueños de un seductor...

Creo que "hemos quedado como amigos" es una de las frases que más he repetido en los últimos 4 años. Cuando, después de escarmuzas, proyectos abortados sobre la marcha, indefiniciones pasajeras y frustraciones inesperadas, una empieza a pensar que Soltero es su segundo apellido, lo que peor lleva, al menos lo que peor llevo yo, es ese estado de examen permanente al que nos sometemos. Me decía alguien que conocí hace poco que las citas por Internet son como una entrevista de trabajo. ¡Qué razón tiene! ¡Y qué sentido, más allá de lo cómico, le encuentro ahora a "Sueños de un seductor", de Woody Allen!

Lo jodido es que la seducción permanente no es, ni de lejos, glamurosa ni divertida. Lo que es, es muy cara. Implica gasto en gimnasio, cremas, peelings y limpiezas de cutis, renovación de vestuario, y estar al día de la agenda cultural. Una pasta para... ¿qué? La pareja es un proyecto económico.

jueves 5 de noviembre de 2009

No controles

Las viejas poperas nunca mueren. En esta extraña nostalgia otoñal que aún no nos depara hojas secas en las calles, conocemos la vuelta de la primavera del pop español. Vicky Larraz está componiendo y avisa con nuevo disco.




miércoles 28 de octubre de 2009

El vientre del arquitecto

El arquitecto entra en la estancia. Ve un inmenso collage de fotografías de sí mismo: él paseando por Roma, él tomando café, él con su mujer en la entrada de un museo. Verse captado, como espiado por una mirada exterior de la que no tenía constancia, atrapado en ese estatismo, lo conmueve. Lo enfrenta a sí mismo. ¿Acaso el cine no es una sucesión de fotografías? ¿Un collage muy perfecto?

Tengo el vientre de un arquitecto de imágenes a mi lado. A diferencia de lo que ocurre en la película de Greenaway, no soy su mujer y no quiero envenenarlo con higos, como le sucedió a Augusto. Sólo quiero oír su respiración, porque es como la música de Win Mertens. A veces decidimos no hablar, y lanzamos mensajes dentro botellas que tiramos al océano. Y aquí va una...

lunes 19 de octubre de 2009

Cocinas

Hace poco vi "El cocinero, el ladrón, la mujer, y su amante", de Peter Greenaway. La película me esperaba agazapada. Ver este "gastro-drama" de finales de los 80 fue tan inverosímil, y tan excitante, como comer un menú con Manzana con aceite de foie, Ostras vegetales, Bogavante con aceite de oliva "extra blanco" y Cigalas sobre liquen de hongos y algas. De alguna manera, te das cuenta de que son esos alimentos, en su exhuberante singularidad, los que, pacientemente, habían esperado la ocasión de llegar a uno. A tu estómago. Como si ellos mismos, en base a su capacidad analítica sobre ti y sobre tu aprendizaje gastronómico, emitieran solemnemente un juicio favorable y elegieran el momento adecuado para ser desplazados de su contexto natural, sazonados y preparados.

Me ha venido esta película, y el miércoles me miden la cocina; porque una futura -y espero que inminente- nueva cocina también está esperando el momento de venir a mí, de instalarse en mi casa, con su surtido bechameles, ragús y solomillos con salsa al pesto. Las cocinas son el espacio intermedio, imposible y fascinante donde la naturaleza animal y vegetal se conecta con la vida humana. El ciclo vital se reinventa aromatizado gracias a la mano maestra de un chef. Paralelamente, decenas, probablemente cientos de cocinas de bares y restaurantes de Madrid, están buscando ser servidas en lo que será una bella serie fotográfica, un menú visual de lo que nunca vemos, pero tragamos. Alimentos y cocinas se sacuden la aparente pasividad y se dirigen a nuestra boca. O a nuestro ojo.

jueves 15 de octubre de 2009

Eres buena... Mariel.

Supongo que todos nos hemos sentido un poco Muriel alguna vez. Esa sensación de ser el patito feo, o el diferente, o el apartado. Al final, uno se sienta al borde de una mesa muy grande, con las piernas colgando, se mira los zapatos y piensa, a qué hemos venido aquí? Por qué están todos tan felices? Qué me pasa? Qué les pasa? Por eso, la única solución es creernos nuestra propia fábula. Muriel era mejor que Mariel. Era más auténtica. Pero la paradoja es que lo que hacía única a Muriel, es que soñaba con ser Mariel. Es el precio de perseguir los sueños. Que a veces, hasta te tropiezas con ellos. Y entonces, dejan de ser sueños. Y volvemos al principio...