miércoles, 27 de junio de 2007

El bufón y la corte

Ver contigo es Vértigo.

Y dicho esto, hoy narraré lo que hace unos meses me sucedió en Madrid. Andaba yo con Syal en tratos por aquellos entonces (del que surgió una floreciente amistad actual), y el guapo mozo me invitó a una mari-fiesta de cumpleaños en una caseta de campo en mitad de las M-30, 40, 50 y demás especies autóctonas. Syal pinchaba. Yo bailaba. Y entre el bullicio, conocí a un tipo de mediana edad -treinta y muchos o cuarenta y pocos-, ataviado como Jaimito (zapatos de charol, chaleco y camisa de rombos) con algunos aires de arlequín y que, para más inri, se autoproclamó seguidor de las Baccara -ese patético honor superficial siempre fue mío.

Al poco de la conversación, nos confesamos que somos periodistas. Él de un panfleto eclesial llamado http://www.libertaddigital.com/ que dirige Jiménez Losantos. Yo, de los ámbitos de la izquierda. Él, que aparentemente había querido seducirme mientras Syal pinchaba -más atento a la música que a mí, todo hay que decirlo-, se contrarió y en un ataque de binarismo intelectual me comparó con... ¿Pedro Zerolo?

Luego, meses después, este especimen publicó en su púlpito digital una crónica de aquella noche con palabras muy poco decorosas acerca de Syal y de mí, calificándonos de algo así como cursis representantes clónicos de la España gay-progre de Zapatero.

Hoy, aunque no me vaya a leer, he decidido perpetrar una pequeña venganza.

Si volviera a verlo, le haría notar una pequeña diferencia entre él y yo.

A él, sus compañeros de trabajo de púlpito, lo aceptan.

A mí, me aceptan y me respetan.

Sus compañeros -que serán padres de familia rectos y respetables- estarán encantados de tener en la redacción a un marica estridente que les cuenta sus peripecias nocturnas, y les ameniza con su socarronería desvergonzada, ocurrente y chistosa. Están encantados de creerse tolerantes a su lado y a buen seguro reirán compasivamente las tristes desventuras de un mari-con (de con-servador) que recomienda exposiciones y alguna obra de teatro burguesa ma non troppo. Pero jamás querrían un hijo como él en casa. Y él, pobre arlequín de la noche, lo sabe.

Porque la diferencia entre su corte y la mía, es que la mía, que tiene todos los defectos del mundo -y alguno más- no exige a nadie que desempeñe el papel de bufón para ser aceptado.

Él, que se ríe de la ministra Carmen Calvo -y ahí hay un punto de razonabilidad-, no sabe que él en su periódico es el equivalente a la cordobesa en el Ejecutivo.

Para los suyos, este periodista de libertaddigital no pasa de ser un simpático bufón.

Para mí, no pasa de ser uno de los suyos. Uno más.


1 comentario:

Joan Torres dijo...

Y yo pensando que ese honor patético y tan tierno, era sólo mío...